Más allá de la gastronomía y el vino, Logroño ofrece muchas posibilidades de disfrutar sin tener que sacar la cartera: paseos con historia, miradores, patrimonio, ciencia y naturaleza a un ritmo perfecto para quienes saben saborear los rincones y detalles que llenan de vida la ciudad.
Estamos convencidos de que con este artículo tienes de sobra para descubrir todas las posibilidades que ofrece esta ciudad. Pero, si vienes con ganas de exprimir hasta el último minuto de tu estancia, te recomendamos que eches un vistazo a nuestra sección de Planes gratis en Logroño
9 Planes gratis en Logroño
Pasear por el casco antiguo y detenerse en la historia
El casco antiguo de Logroño merece un paseo sin prisa y con la vista bien despierta. Un buen itinerario puede arrancar en San Bartolomé, la iglesia más antigua de la ciudad; y seguir por Santa María de Palacio, reconocible por su aguja octogonal, una de las siluetas más singulares del skyline logroñés. Después, te proponemos continuar por la calle Portales, eje peatonal y comercial del centro, rebautizada así por los soportales levantados en el siglo XIX. Allí puedes viajar en el tiempo y sentirte uno de los protagonistas de la mítica película Calle Mayor de Juan Antonio Bardem. Son tres paradas distintas, que explican muy bien la mezcla de memoria medieval, patrimonio religioso y la vida urbana que define esta parte de Logroño.
Recorrer la Vía Verde de El Cortijo, entre viñas y ribera
Entre los paseos gratis en Logroño que merecen más atención está la Vía Verde de El Cortijo, un camino fácil y muy agradable que discurre sobre el antiguo trazado ferroviario de la línea Castejón-Bilbao. Hoy funciona como itinerario peatonal y cicloturista, con un recorrido principal de 2,9 kilómetros, desnivel casi inexistente y un entorno muy accesible para caminar sin prisas.
El paseo atraviesa un paisaje de viñas y ribera y cuenta con miradores y zonas de descanso que invitan a parar, mirar y alargar la ruta. Desde allí se abren vistas al meandro del Ebro y a la Sierra de Cantabria, lo que lo convierte en una opción muy recomendable para quienes buscan naturaleza cerca de la ciudad, también con peques o incluso con carrito.
Entrar en La Redonda para buscar el cuadro de Miguel Ángel
La Concatedral de Santa María de la Redonda guarda uno de esos detalles que sorprenden incluso a muchos logroñeses: en su interior se conserva un pequeño Calvario atribuido a Miguel Ángel, una pieza que convierte la visita en algo más que una parada monumental. Pero en la concatedral hay mucho más que ver. La Redonda, con sus dos torres gemelas, es una de las imágenes más reconocibles de la ciudad, y en sus capillas también pueden contemplarse lienzos de Navarrete el Mudo, la Inmaculada de Gregorio Fernández, el mausoleo del general Espartero y la escultura del Santo Sepulcro.
Seguir el Camino de Santiago a su paso por Logroño
Pocas rutas cuentan tan bien la ciudad como el Camino de Santiago. El paseo arranca al entrar en Logroño por el Puente de Piedra, símbolo de la ciudad desde la Edad Media, y continúa por Ruavieja, la calle más veterana, donde el caminante encuentra el entorno de San Gregorio y varios espacios ligados al viejo Logroño del vino. El recorrido nos lleva por la Iglesia de Santiago, con su gran Juego de la Oca, ubicado en la plaza; a reponer fuerzas en la fuente del Peregrino, cuyo origen es anterior al siglo XVII; y por la puerta del Revellín. Es la única puerta de la antigua muralla que se conserva y un auténtico símbolo de la resistencia de los logroñeses ante la ocupación de los franceses. A pie de calle, el recorrido puede seguirse a través de la señalización jacobea y de las conchas grabadas en el suelo, que convierten el paseo en una forma distinta de leer la ciudad.
Subir al monte Cantabria para contemplar Logroño a vista de pájaro
Desde allí se obtiene una de las mejores vistas de Logroño y del valle del Ebro. El lugar añade además un importante valor arqueológico: las investigaciones realizadas en el siglo XX permitieron confirmar que allí existió un asentamiento de los berones y, más tarde, una ciudad amurallada que siguió poblada hasta el siglo XIII. A eso se suma la vieja leyenda que vinculó durante siglos este lugar con la antigua ciudad de Cantabria arrasada por Leovigildo. Subir hasta allí es mucho más que hacer una foto.
Visitar el Museo de La Rioja, en el Palacio de Espartero
El Museo de La Rioja sigue siendo una de las mejores puertas de entrada para entender la historia de la región sin salir de Logroño a través de piezas arqueológicas, arte de distintas épocas y objetos históricos. Su sede ya justifica la visita: ocupa un palacio construido a mediados del siglo XVIII por Pedro Ruiz de la Porta y conocido como Palacio de Espartero porque allí vivió el general Baldomero Espartero, regente del país entre 1840 y 1843, pese a que el edificio era de su esposa, Jacinta Martínez de Sicilia. Después de varios usos institucionales, el edificio acabó convirtiéndose en museo en 1971.
Asomarse a la Casa de las Ciencias, a orillas del Ebro
La Casa de las Ciencias es uno de esos espacios que demuestran que un plan cultural puede ser ameno, sereno y muy completo. El centro está dedicado a la divulgación de la ciencia y la tecnología a través de exposiciones, conferencias, talleres, cursos, proyecciones, observaciones y demostraciones científicas.
Dispone de cuatro salas de exposiciones temporales y programa cada año numerosas muestras sobre temas muy diversos de divulgación científica. Además, el edificio tiene su propia historia: fue el antiguo Matadero Municipal, proyectado a comienzos del siglo XX y rehabilitado como Casa de las Ciencias en 1999. Para los que les gusta experimentar la ciencia con sus propias manos, cuenta con diferentes instalaciones en el exterior, a orillas del río Ebro.
Dar un paseo o disfrutar de un picnic por La Grajera
La Grajera es un lugar al que escaparse sin irse lejos de la ciudad. El embalse y su entorno constituyen un ecosistema de gran interés ambiental. Allí pueden observarse, sobre todo, aves acuáticas, tanto nidificantes como migradoras, además de peces, anfibios, reptiles y mamíferos. Las ardillas te acompañarán en tu recorrido y se acercan sin miedo, acostumbradas al numeroso público que acude al parque.
Un lugar abierto a numerosos planes para desconectar: un paseo alrededor del pantano, un recorrido en bici, un picnic con la familia y amigos o, simplemente, un sitio en al que ir a tomar oxígeno.
Entrar en el Mercado de San Blas y disfrutar de lo cotidiano
El Mercado de San Blas, también conocido como Plaza de Abastos, es uno de los lugares donde mejor se percibe el latido diario de la ciudad. Durante mucho tiempo fue el centro neurálgico del comercio local y hoy sigue mezclando vida cotidiana, producto fresco y arquitectura con personalidad. El edificio actual nace del proyecto encargado en 1928 al arquitecto Fermín Álamo y se inauguró en diciembre de 1930 en el mismo emplazamiento que la primera plaza de abastos, sobre la antigua iglesia de San Blas. Entrar, pasear entre pescados, hortalizas, especias o chacinas y dejarse llevar en el devenir de saludos, consejos y compras es también una forma de conocer una ciudad.
Descubrir la ciudad a otro ritmo
No es necesario elegir. En Logroño, en una misma jornada se puede pasar de ver un cuadro de Miguel Ángel en la concatedral a un embalse con aves acuáticas, de un mercado con casi un siglo de historia a una vía verde entre viñas y ribera, o de un monte cargado de arqueología a un museo que ayuda a entender mejor la historia de La Rioja.



