Laura Morán, autora de Orgas(mitos), junto a Eduardo Sáenz de Cabezón

Seis mitos sobre el sexo que nos siguen persiguiendo a los 50

Crecimos con Grease y películas románticas en las que el amor lo podía todo. Aprendimos que los hombres debían estar siempre a la altura, que las mujeres tenían que ser deseables y que, sin penetración, el sexo «no contaba». ¿Cuánto queda de todo eso cuando pasamos los 40 o los 50 años? La psicóloga y sexóloga Laura Morán nos ayuda a desmontar algunos de esos mitos que todavía condicionan nuestra forma de vivir la sexualidad.

Laura Morán lleva años escuchando en su consulta las dudas, inseguridades y frustraciones que acompañan a la vida sexual de muchas personas. Terapeuta familiar y de pareja, autora de varios libros y divulgadora científica, es conocida también por su participación en Órbita Laika (TVE). En Orgas(mitos) (Boldletters, 2026), combina ciencia, experiencia profesional y humor para cuestionar lo que creíamos saber sobre nuestra sexualidad.

La autora presentará su libro este jueves, 29 de octubre, a las 19:00 h, en Santos Ochoa (Calvo Sotelo, 19, Logroño), acompañada por el matemático y divulgador riojano Eduardo Sáenz de Cabezón, presentador de Órbita Laika y autor del prólogo de esta publicación. El encuentro también podrá seguirse por el canal de YouTube de la librería.

Con ella hemos repasado algunos mitos que, pese al paso de los años y a todo lo que hemos aprendido, siguen muy presentes en nuestras relaciones.

Índice

Mito 1: El amor es como en las películas

A Laura Morán le encanta Grease. «Yo adoro la película, pero el modelo de relación que plantea es terrible», reconoce. Sandy acaba transformando su aspecto, se pone ropa de cuero, y su comportamiento para conquistar a Danny, mientras él también cambia, pero en su caso deja de fumar y empieza a practicar deporte.

Es uno de tantos ejemplos de cómo el cine romántico nos enseñó que amar implicaba sacrificarse, cambiar por el otro, satisfacer sus expectativas y cumplir roles. Una educación que, según la sexóloga, ha condicionado de manera diferente a hombres y mujeres.

Tampoco el porno se libra de esa influencia. Morán no lo considera algo negativo en sí mismo, pero advierte del error de utilizarlo como modelo de aprendizaje sexual. Tanto las historias románticas como las pornográficas, recuerda, son ficción, parten de la imaginación de alguien y no tienen por qué servirnos como manual de instrucciones para nuestras relaciones.

«Las mujeres nos hemos convertido en sujetos deseantes, pero seguimos teniendo el peso de ser objetos de deseo atractivos, y eso te puede volver más insegura»

Mito 2: Las relaciones sexuales tienen fecha de caducidad con la edad

Este es el tema que Morán ve en mayor medida en su consulta cuando llegan mujeres y hombres que se acercan a la madurez o que están ya en ella. Ellas preguntan especialmente por dificultades relacionadas con el deseo y con los cambios físicos asociados a la perimenopausia y la menopausia.

A las dificultades que provocan los cambios hormonales, se suma, en muchas ocasiones otros problemas, como «el desgaste». «Si han sido madres, llevan tiempo con la misma pareja, creo que ya llega una edad en la que nos saturamos y decimos: hasta aquí». «Dicen que la menopausia nos vuelve un poco locas, pero yo creo que nos vuelve más sabias», añade.

Las mujeres, en esta época sufren además la presión por seguir siendo físicamente atractivas. Durante siglos, recuerda Morán, la sexualidad femenina estuvo vinculada a la reproducción y la pérdida de fertilidad todavía puede acompañarse de cierta sensación de invisibilidad.

«Nos hemos convertido en sujetos deseantes, pero seguimos teniendo el peso de ser objetos de deseo atractivos, y eso te puede volver más insegura a la hora de compartir tu cuerpo sexualmente», añade Morán.

Laura Morán y Eduardo Sáenz de Cabezón
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Mito 3: Un hombre siempre tiene que estar a la altura

Si sobre las mujeres pesa la presión de ser deseables, sobre los hombres continúa recayendo la obligación de demostrar su virilidad y «estar a la altura».

Esto implica «erecciones firmes, duraderas, sin fluctuaciones y un rendimiento sexual que parece no admitir cambios con el paso del tiempo». Pero, como recuerda Laura, con humor, el cuerpo masculino también envejece.

La sexóloga explica que muchos hombres llegan a consulta preocupados porque sus erecciones ya no son tan vigorosas como años atrás. Esa inquietud puede generar una ansiedad anticipatoria que acaba dificultando todavía más las relaciones. Se crea así un círculo difícil de romper: cuanto más pendiente está el hombre de cómo responde su cuerpo, más complicado puede resultarle disfrutar del encuentro.

Mito 4: Si no hay penetración, no hay sexo de verdad

Uno de los grandes mitos que Laura Morán cuestiona en su libro es el ‘coitocentrismo’, es decir, la idea de que la penetración debe ocupar el centro de cualquier relación sexual.

En su consulta encuentra parejas que, después de muchos años juntas, siguen teniendo «un repertorio bastante limitado». Besos, caricias, masturbación o sexo oral aparecen como actividades previas al coito, los llamados «preliminares, que se consideran secundarios o incluso prescindibles».

Sin embargo, insiste la sexóloga, esas prácticas son relaciones sexuales por sí mismas y pueden resultar tanto o más satisfactorias que la penetración.

Este modelo tan rígido adquiere especial importancia cuando aparecen cambios relacionados con la edad. Si la penetración empieza a resultar molesta para una mujer o las erecciones de un hombre ya no son como antes, algunas parejas interpretan que su vida sexual está llegando a su fin.

Morán explica que ampliar las posibilidades de disfrutar y conocer mejor el propio cuerpo permite descubrir otras formas de placer que muchas personas apenas habían explorado.

«Podemos tener sexo sin amor, pero no sin emociones»

Mito 5: Para disfrutar del sexo hay que estar enamorado

Durante décadas, especialmente entre las mujeres, el amor ha funcionado como una especie de permiso para expresar el deseo sexual.

La revolución sexual contribuyó a reconocer el derecho femenino al placer, pero persistió la idea generalizada de que una mujer debía estar enamorada para mantener relaciones y disfrutar de ellas. Mientras un hombre con numerosas experiencias sexuales podía ser considerado un conquistador, una mujer en la misma situación recibía calificativos menos amables.

Laura Morán cuestiona esa doble moral. El amor puede ser una motivación para mantener relaciones sexuales, pero no es la única. También pueden intervenir la curiosidad, la atracción, la admiración o, incluso, el aburrimiento.

Ahora bien, la sexóloga introduce un matiz importante: «podemos tener sexo sin amor, pero no sin emociones».

Esto explica que las relaciones ocasionales no siempre resulten tan sencillas como imaginamos. Dos personas pueden iniciar un encuentro sin intención de establecer un vínculo sentimental y descubrir después que han aparecido sentimientos que no esperaban.

Mito 6: Del sexo no se habla

Más que un mito, hablamos de una de las grandes asignaturas pendientes: hablar de sexo. Laura Morán dedica un capítulo del libro que titula, con humor, ¿Cuántos tipos de ‘sexo oral’ practicas?

La falta de costumbre comienza por el propio vocabulario. Seguimos utilizando eufemismos o nombres infantiles para referirnos a nuestros genitales y, en ocasiones, nos resulta difícil encontrar palabras para explicar lo que nos gusta, lo que deseamos o lo que preferiríamos no hacer.

Ni siquiera llevar treinta años con la misma persona garantiza que hayamos aprendido a comunicarnos sexualmente. Morán explica que algunas personas temen compartir sus fantasías por miedo a que su pareja las juzgue o las mire de otra manera.

En el caso de las mujeres, asegura «somos muy poco asertivas con lo que no queremos». En su consulta ve cómo ellas acceden a determinadas prácticas sexuales, o incluso a mantener relaciones sin tener ganas, porque consideran que deben complacer a su pareja. Aprender a decir lo que nos gusta, preguntar al otro y expresar nuestros límites sigue siendo necesario, por muchos años que se lleve compartiendo cama.

Y ¿las redes sociales y aplicaciones han venido a mejorar nuestras relaciones?

En este caso no hablamos de un mito, sino de algo que ha revolucionado en los últimos años nuestras vidas y también nuestras relaciones. Para Laura Morán, las redes sociales y las aplicaciones de citas tienen una doble cara. Por un lado, facilitan conocer gente y ampliar nuestro círculo social, algo especialmente valioso cuando se produce una separación, un cambio de ciudad o cuando las oportunidades de establecer nuevas relaciones escasean.

Sin embargo, también nos permiten desentendernos más fácilmente de los vínculos que creamos. La sexóloga recuerda que antes, para terminar una relación, «al menos había que sentarse a tomar un café». Ahora es más sencillo dejar de responder o desaparecer sin dar explicaciones, el famoso ghosting, sin asumir ninguna responsabilidad sobre el vínculo que se ha creado, haya durado semanas o meses.

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