Andrea Santamaría, en uno de los enclaves de la ruta 'Logroño, legado de brujas'

‘Logroño, legado de brujas’, la ruta que relata quiénes fueron las víctimas del auto de fe

¿Quiénes fueron realmente las brujas de Zugarramurdi? ¿Por qué acabaron ante la Inquisición en Logroño? ¿Y qué ocurrió después para que aquel proceso cambiara la historia de la persecución de la brujería en España? La guía turística Andrea Santamaría responde a estas preguntas en Logroño, legado de brujas, un recorrido por la ciudad que mezcla historia y mitología para recuperar la memoria de aquellas personas, desmontar mitos y descubrir uno de los episodios más desconocidos del pasado de la ciudad.

Dos placas en el centro del Casco Antiguo, once olmos junto al Ebro y un mural detrás de la iglesia de San Bartolomé. Son algunos de los lugares que Andrea Santamaría utiliza en su recorrido para trasladarnos al Logroño de hace más de cuatro siglos .

No es una ruta por casas de brujas ni escenarios de aquelarres. De hecho, apenas quedan vestigios de aquel Logroño de principios del siglo XVII. Es un paseo que invita a mirar la ciudad de otra manera y a conocer a las personas que se escondían detrás de una palabra cargada de prejuicios: bruja.

Después de año y medio investigando lo sucedido y recuperando los nombres de sus protagonistas, Andrea, fundadora de Rutas Andrea, creó un recorrido, el primero sobre este tema en la ciudad, en el que se entrelazan creencias populares, mitología y acontecimientos históricos.

Ni escobas ni sombreros puntiagudos: ¿qué había detrás de las consideradas ‘brujas’?

«La bruja es una forma de ser a ojos de quien la quiera ver», explica Andrea, que utiliza su recorrido para desmontar ese personaje que hemos heredado de la literatura y el cine.

Las llamadas brujas eran personas de carne y hueso. Entre las mujeres acusadas de brujería había curanderas, parteras y conocedoras de las propiedades de las plantas. Otras, sencillamente, despertaban sospechas por su comportamiento, sus relaciones o las enemistades que mantenían con sus vecinos. Por eso, a veces, las acusaciones se basaban simplemente en envidias y rencillas.

A alimentar aquella persecución contribuyó un libro: el Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas), el tratado más famoso sobre brujería de la Edad Moderna, escrito en 1486 y publicado en 1487 por los inquisidores dominicos alemanes Heinrich Kramer y Jacob Sprenger. Era un manual que pretendía identificar, investigar y juzgar a supuestas brujas, apoyándose en la idea de que las mujeres eran especialmente vulnerables a la influencia del demonio.

«La bruja es una forma de ser a ojos de quien la quiera ver»

Con estos antecedentes, Andrea plantea una pregunta que invita a mirar el presente: “¿Sigue habiendo brujas? Bajo el arquetipo de ese libro creo que la gran mayoría seríamos brujas”.

Logroño, 1610: once condenados y una anciana que contó lo que querían escuchar

Los días 7 y 8 de noviembre de 1610, Logroño acogió uno de los autos de fe más conocidos de la Inquisición española. Entre las personas juzgadas había vecinos de Zugarramurdi y Urdax, en Navarra, acusados de participar en aquelarres, relacionarse con el demonio y practicar la brujería. Un episodio que, como cada año, se revivirá en la ciudad del 6 al 8 de noviembre con representaciones, exposiciones y el mercado de la brujería. 

El auto de fe era una ceremonia pública en la que se proclamaban las acusaciones y las sentencias. El proceso terminó con once condenados a la hoguera: seis fueron quemados vivos y otros cinco en efigie, es decir, mediante representaciones ya que habían fallecido en prisión.

Detrás de aquellas once condenas había once historias personales. Sus nombres se recuerdan hoy en el Bosque de la Memoria, en el Parque del Ebro y en otros enclaves que Andrea muestra en su recorrido.

Al investigar sobre ellas, a esta guía turística le llamó la atención, por ejemplo, la historia de María de Zozaya, una octogenaria que hizo declaraciones extraordinarias sobre supuestas prácticas de brujería. «Lo que más me impactó no fueron solo las barbaridades que contaba sin medir las consecuencias, sino que el tribunal las diera por buenas», recuerda. María murió encarcelada antes de celebrarse el Auto de Fe. Su historia refleja cómo las sospechas, las confesiones y las acusaciones podían retroalimentarse hasta adquirir dimensiones trágicas.

 

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Alonso de Salazar: de inquisidor a abogado de las brujas

Lo más sorprendente de esta historia quizá sea lo que ocurrió después de las condenas. Alonso de Salazar y Frías, uno de los tres inquisidores del tribunal, empezó a cuestionar las acusaciones.

¿Dónde estaban las pruebas de que aquellas personas habían cometido los delitos que se les atribuían? Aunque no logró impedir las condenas, después del auto de fe regresó a las zonas investigadas, recopiló numerosos testimonios y examinó las contradicciones de las declaraciones. Su conclusión fue que no existían pruebas suficientes para sostener aquellas acusaciones de brujería.

Sus palabras dieron un vuelco a estos procesos: “Nunca jamás hubo brujos y brujas ni embrujados en la zona hasta que alguien nombra la brujería”. 

Las investigaciones de Salazar resultaron fundamentales para que en 1614 el Consejo de la Suprema Inquisición aprobara nuevas instrucciones que exigían mayor rigor en los procesos por brujería. Fue un punto de inflexión que contribuyó a poner fin a las ejecuciones por este motivo a manos de la Inquisición española, mientras en otros lugares de Europa la persecución continuó durante décadas. Y por ello se le considera, paradójicamente, el abogado de las brujas.

“Nunca jamás hubo brujos y brujas ni embrujados en la zona hasta que alguien nombra la brujería”

Así, el auto de fe de Logroño pasó a la historia no solo por sus once condenas y sus víctimas, sino también por las investigaciones que desencadenó y que terminaron cuestionando una persecución alimentada por el miedo, los rumores y la ausencia de pruebas.

Una historia contada en las calles de Logroño

La ruta Logroño, legado de brujas cuenta esta historia y muchas otras curiosidades sobre la figura de la bruja, las creencias y leyendas del norte de España y la huella que han dejado en nuestra cultura. Y no solo en la literatura, el cine o el arte, sino en muchos otros ámbitos de nuestro día a día que Andrea va desgranando a lo largo del recorrido.

Una visita de aproximadamente hora y media que, más que buscar brujas, invita a descubrir quiénes eran las personas a las que se llamó así, los enclaves de la ciudad que rinden homenaje a su memoria y todo lo que supuso el auto de fe para cambiar la historia. Y que nos plantea, además, qué supone a veces, en la historia, creer en lo que todos creen, sin cuestionarlo.

La ruta está disponible habitualmente los viernes y sábado en formato free-tour. También ofrece este recorrido para grupos, previa consulta. Puedes encontrar toda la información en su página web rutasandrea.com y en sus redes sociales: Facebook e Instagram.

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