¿Sabías que en La Rioja existe un lugar donde aún se practica la flagelación penitencial en Semana Santa? Ocurre en San Vicente de la Sonsierra, donde cada año los conocidos como Picaos mantienen vivo un rito cargado de historia, fe y simbolismo.
Esta tradición, vinculada a la Cofradía de la Santa Vera Cruz, convierte a esta localidad riojana en un referente nacional. No en vano, sus procesiones han sido declaradas de Interés Turístico Nacional y Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial.
El origen exacto de los disciplinantes no está documentado con precisión, aunque se sabe que la cofradía ya contaba con estatutos en 1551. Durante siglos, la flagelación fue habitual en distintos puntos de España, hasta que en el siglo XVIII fue prohibida.
Sin embargo, San Vicente de la Sonsierra logró conservar este rito. Para sus habitantes, esta tradición forma parte de su identidad. Generación tras generación, se ha transmitido como un legado que combina fe, respeto y comunidad.
Qué hacen los Picaos y cómo es el ritual
Quienes deciden disciplinarse deben cumplir ciertos requisitos, como ser mayores de edad, varones y que su párroco le acredite su sentido cristiano y su buena fe. Una vez aceptados, se preparan en la sede de la cofradía, situada en la ermita de San Juan de la Cerca, donde se les asignará un acompañante, hermano de la cofradía, como guía, ayuda, consejo y protección.
El atuendo es característico: túnica blanca, capucha para preservar el anonimato, cíngulo, capa y la disciplina, una madeja de algodón con la que realizan la penitencia.
Durante la procesión o la Hora Santa, el disciplinante se arrodilla, reza y, después, comienza a golpearse la espalda con la disciplina. Este acto puede prolongarse unos 20 minutos, con entre 800 y 1.000 golpes.
El momento de “picar”
Cuando llega el momento, interviene el “práctico”, que utiliza un utensilio llamado esponja: una bola de cera virgen con 6 cristales incrustados. Con ella realiza pequeños pinchazos, tres veces cada lado de la espalda, en la zona lumbar, para que brote un poquito de sangre.
El objetivo no es aumentar el dolor, ni mortificar aún más, sino facilitar una leve salida de sangre que evite molestias posteriores. Tras ello, el disciplinante continúa la penitencia con otros 15 o 20 golpes más antes de finalizar.
Finalizada la penitencia, el proceso concluye en la cofradía, donde se limpian y curan las heridas con agua de romero.
El papel de las mujeres: las “Marías”
Aunque durante siglos desaparecieron de la cofradía, desde 1998 las mujeres pueden formar parte de ella como miembro de pleno derecho. En su caso, su penitencia se materializa en las llamadas «Marías·.
Ellas acompañan las procesiones vestidas con el manto de la Virgen de los Dolores, descalzas, incluso con cadenas, y con el rostro cubierto por puntillas para proteger su anonimato. Su presencia aporta otra dimensión a la tradición, desde el recogimiento y la devoción.
Pueden ir un máximo de cuatro por procesión, con los mismos requisitos que los hombres y también acompañadas por miembros de la Veracruz.
Cuándo ver a los Picaos en Semana Santa
Los actos más conocidos tienen lugar durante la Semana Santa. Los horarios de los actos son:
- Jueves Santo, durante la procesión de la Santa Cena (19:30 h, hora aproximada inicio procesión)
- Jueves Santo, en la Hora Santa a las 23:00 h de la noche
- Viernes Santo, tras la Procesión del Vía Crucis (11:30 h, hora aproximada inicio procesión)
- Viernes Santo, durante la Procesión del Santo Entierro. (20:30 h, hora aproximada inicio procesión)
- Cruz de Mayo, día 3 de mayo si es domingo y si no el domingo siguiente (18:00 h, hora aproximada inicio procesión)
- Cruz de Septiembre, día 14 de septiembre si es domingo y si no el domingo siguiente (18:00 h, hora aproximada inicio procesión)

Una tradición viva y única en España
En una sociedad cada vez más alejada de este tipo de manifestaciones, los Picaos de San Vicente siguen despertando interés, respeto y también preguntas. Para quienes lo viven desde dentro, es una expresión profunda de fe y compromiso.
Lo cierto es que esta tradición ha resistido el paso del tiempo y continúa siendo uno de los grandes símbolos culturales de La Rioja.
Un legado que convierte a San Vicente de la Sonsierra, sin duda, en «El pueblo de los Picaos».



